¿Estamos dispuestos a cumplir el llamado de Dios?
A todos Dios nos ha dado dones y nos llamó para servirle y mostrarle su amor a los demás, pero ¿Qué tan dispuestos estamos de poner nuestros dones a su servicio?
Isaías 6:8
Después oí la voz del Señor que decía: a quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: heme aquí, envíame a mí.
Estamos acostumbrados a nuestra comodidad, pues, nos conformarnos con ir a la iglesia, estar en comunión con los hermanos, tener un tiempo de alabanza, escuchar el mensaje del Señor, y creemos que con ello cumplimos el llamado de Dios.
Sin embargo, estamos
llamados a servirle al Señor, porque él ha sido muy bueno con nosotros. Dios constantemente ha sido fiel
en todos y cada uno de los momentos de nuestra vida. Por eso, ¿Qué tan dispuestos estamos
en decir como el profeta Isaías, ‘heme aquí, envíame a mí’, al optar por escuchar su voz y obedecer.
Hay algo muy importante a tener en cuenta. Primero que todo, para servirle al Señor debemos tener una buena relación con él para que, así podamos escucharle. Y por eso, los invito a preguntarnos...
¿Sabes qué don Dios te ha dado?
Muchas veces nos escudamos en decir que no sabemos cuál es nuestro don o nos da pena, y a su vez, decimos que no nos consideramos preparados para aplicar estos dones. Del mismo modo, así pasa mucho tiempo y al final, no mejoramos nuestros talentos y tampoco hicimos nada. A su vez, esto muestra nuestra poca relación con Dios en el hecho de escucharle y obedecerle en el cumplimiento de poner en práctica nuestros dones. Pues, Dios ha permitido que le conozcamos y él es quien nos da la fuerza y la valentía para hacer las cosas.
Somos
una comunidad, un cuerpo, una familia, y teniendo en cuenta que debemos aplicar nuestros talentos en favor de la comunidad, podremos servir y ser de bendición a los demás. Por ello, si nos sentimos indecisos y no sabemos de qué forma podemos ayudar a la iglesia o servir con nuestros dones, les invito a acudir a donde nuestros hermanos que tienen más experiencia en la aplicación de sus dones en la congregación, y escuchar su guía, para que podamos ayudar.
Por tanto, los invito a poner al servicio del Señor nuestras vidas. Que, del mismo modo que el profeta estaba dispuesto y dijo, "heme aquí, yo voy". Nosotros también, por amor y gratitud, podamos servirle a Dios en la aplicación de nuestros dones a favor de todos los demás y crecimiento en comunidad.

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